El invento del maligno: "Hospital"

 

Por José Javier Esparza


Telecinco cerró esta semana una nueva temporada de ‘Hospital central’. La serie clínica de Vilches y compañía se ha convertido ya en un clásico de la programación por permanencia y por cuota de pantalla. En esta nueva entrega ha revalidado sus laureles. En términos técnicos, esto es, en tanto que producto destinado al consumo televisivo, ‘Hospital central’ admite muy pocos reproches. El espectador puede cuestionar, desde un punto de vista ético, cosas como el retrato de la conciencia profesional de los médicos, el mayor o menor grado de crítica hacia el sistema sanitario público, la manera en que se presenta la problemática de los matrimonios homosexuales o la cualidad moral de los protagonistas, pero todas estas cosas, que conciernen al argumento, no afectan a la eficacia del relato. Con todo, hay un aspecto “técnico” en el argumento que sí ha sido discutido últimamente, y es el excesivo grado de peripecia que el guión concentra en los personajes principales. Quizás el ejemplo más patente sea el drama de Aimé, uno de los médicos del reparto, que en este final de temporada se convertía en centro de un “exceso de narración”. La pregunta es si tejer demasiados hilos de la trama en torno a los personajes fijos, en un relato supuestamente realista, no termina imprimiendo a la historia un cierto aire de inverosimilitud, porque es imposible que a tan poca gente le pasen tantas y tan graves cosas en tan poco tiempo. Los responsables de la serie opinan que no y, al contrario, defienden que esto forma parte de las virtudes de ‘Hospital central’, porque ese tipo de peripecias personales ayuda a que el espectador tome afecto o simpatía a tales o cuales personajes fijos, lo cual es una herramienta para conseguir la fidelidad de la audiencia. Pero a mí, simplemente como espectador, se me hace un tanto artificial la demasía narrativa que afecta a los protagonistas. Es como si los héroes de la tradición griega fueran trágicos toda la vida, un día tras otro, un año tras otro, en una tragedia sin final. Los héroes sometidos a una peripecia infinita –Sísifo, Tántalo, Prometeo- no pertenecen a la tradición literaria, sino a la mitológica. E incluso el tormento de éstos encontraba algún final. Cierto que, en tiempos de los griegos, nadie se sentía obligado a prolongar indefinidamente una historia por exigencias del ‘share’. La televisión comercial ha llevado al extremo una tendencia narrativa que comenzó en el siglo XIX y que consiste en estirar una historia hasta que el público se canse. Por fortuna, los gustos del público no son infinitamente estables; si lo fueran, sería imposible dejar sitio a historias nuevas. Pero ‘Hospital central’ está batiendo todos los récords de permanencia en condiciones de éxito multitudinario. No hay que regatearle reconocimiento.

Atrás